Esto sólo acaba de empezar

El primer decenio del Siglo XXI nos ha marcado claramente a toda la humanidad unas directrices a seguir en el futuro que no podemos seguir ignorando. El Cambio Climático ya no es una amenaza sino una realidad que sólo puede ser paliada a muy largo plazo realizando profundos cambios estructurales. Debemos hacer un reset y empezar de nuevo.
Nuestra escala de valores y prioridades deberá ser lo primero que deberemos reajustar. Palabras muy del Siglo XX como "especulación" "despilfarro", "consumismo", pasarán a la categoría de conceptos insostenibles.
Y precisamente la palabra "sostenibilidad" (que a muchos le parece menos radical que "ecologismo") que todo el mundo pone en su boca pero muy pocos saben realmente qué significa, asumirá una nueva y prioritaria dimensión desde un punto de vista social, político, ambiental y económico. El concepto es tan lógico que parece mentira que no lo apliquemos. Simplemente se trata de no consumir recursos por encima de su capacidad de auto-regenración. Punto.

En el terreno de la movilidad, a la vista está que hemos hecho las cosas tan mal como hemos podido, construyendo ciudades e infraestructuras pensando en el transporte privado antes que en las personas. Cuando afrontamos una remodelación urbanística, lo primero que buscamos son espacios para ubicar aparcamientos, ya sea bajo tierra (como meter la mierda bajo la alfombra) o en superficie, para que todo el mundo pueda tener su cochecito bien guardado. Buscamos hacer buenas carreteras asfaltadas para que las personas se puedan mover de una ciudad a otra lo más rápidamente posible... en su coche particular. Implantamos servicios de transporte público que tienen que compartir espacio con los coches que campan a sus anchas por nuestras calles y avenidas. Planificamos ampliaciones de nuestros puertos y aeropuertos pensando en dedicar un enorme espacio para que los ciudadanos lleguen con su coche privado hasta la mismísima pasarela de embarque. O sea, que en el fondo todo sigue igual. Seguramente nuestros políticos siguen pensando así por la sencilla razón de que ellos también son conductores y pertenecen a una generación nacida de la prosperidad económica, en la cual disponer de un buen coche equivale a tenerla más grande que los demás.



¿Y hasta cuándo?, pregunto yo. ¿Qué debe ocurrir para que invirtamos esta destructiva dinámica? ¿Quizá faltan políticos sin coche? ¿O quizá faltan políticos con agallas y sin apego al cargo?

Es evidente que construir una sociedad pensando en las personas antes que en los coches conlleva tomar una serie de medidas impopulares a corto plazo para el 90% de la población, que no ha conocido otro concepto de movilidad en su vida que el que aquí un servidor cuestiona. Pero, ¿qué pasaría si empezáramos desde abajo, desde las escuelas, a explicar a los niños que tener un gran coche no es sinónimo de ser importante, que el transporte privado es causante del 25% de la contaminación del aire, de la muerte de miles de personas al año por enfermedades respiratorias y accidentes de tráfico, y que supone el 36% del total del gasto energético (y dependencia económica del exterior) en un país como España?
Si no le ponemos trabas al coche, cualquier medida que tomemos está absolutamente condenada al fracaso, de la misma manera que no puedes rehabilitar a un alcohólico si no lo alejas del alcohol.

A veces, los pequeños detalles son los más ejemplares. Actos como prohibir el acceso a vehículos a una distancia mínima de 300 metros de un centro escolar, excepto a transporte público y bicicletas podría ser un primer paso disuasorio. Jamás entenderé a esos papás y mamás que llevan al nene hasta la puerta de la escuela y que nuestro ayuntamiento no sólo no haga nada sino que encima ponga dos agentes de la Policía Local al servicio de dicho disparate. Ni a ésos que aparcan en doble fila "un minuto" para que el nene se compre el desayuno en la tienda de chuches en hora punta de entrada al cole.

Otra medida disuasoria sería impedir el acceso a coches al centro de cascos urbanos de 15 a 22h para devolver los espacios comunes a las personas, a las bicicletas, a los niños jugando en la calle.

Estas medidas que pueden parecer tan agresivas desembocarían en toda una serie de consecuencias positivas (protestas y presiones al margen) que permitirían recuperar las ventajas de la ciudad mediterránea: la proximidad. No tardaríamos mucho en volver a ver a pequeños comercios ofreciendo en el barrio productos de primera necesidad para que uno vaya simplemente a pie a comprarlos, en detrimento de la gran superficie en las afueras que te obliga a usar el coche. Si sabes que a partir de cierta hora no podrás volver facilmente al centro de tu ciudad en coche, lo pensarás 2 veces. ¿Medida impopular? Seguramente. ¿Medida necesaria? Absolutamente.



Pero no todos los sacrificios deben recaer en los ciudadanos. A nuestros políticos debemos pedirles, exigirles, una red de transporte público las 24h del día y que sea eficiente y variada, por muy deficitaria que sea. La rentabilidad económica de un transporte público no es su principal objetivo. Ni lo debe ser.

Hay quien dice que con lo que cuesta pagar y mantener un coche durante su vida útil uno puede tomar taxis, trenes, tranvías o alquilar coches el doble de tiempo de vida del vehículo. ¿Entonces qué pasa aquí? Pues que hemos confundido las prioridades y hemos perdido el rumbo.

Si le pidiéramos a nuestros políticos insulares la construcción de un tranvía de superficie que discurriera paralelo a la carretera y que uniera eficazmente los centros de población las 24h del día, muchos pensarían que nos hemos vuelto todos locos. En cambio, a nadie se le ocurre pensar que la locura es construir alfombras de alquitrán que ahogan nuestra estimada y delicada tierra.

Si tuviéramos un servicio de bicicletas eléctricas públicas para bajar desde cualquiera de nuestros pueblos de Formentera hasta el puerto y viceversa, o una eficaz red de autobuses coordinada con los horarios de los barcos (regulados por ley) no serían necesarios tantos aparcamientos para el maldito coche privado. Pero nos hemos volcado literalmente en la comodidad egoista sin pensar en que nuestro habitat ya no da para más.

Como ven, soluciones no faltan. Lo que faltan son huevos.
Abróchense los cinturones. Esto sólo acaba de empezar.

Bienvenidos a mi blog sobre movilidad.

Comentarios

Muchas Felicidades y Gracias por este Blog tan necesario para divulgar que el cambio a una mobilidad sostenible no está lejos, ni es algo extremadamente dificil ni si quiera presetará incomodidades para las familias ni sus hábitos (especialmente pensando en una sociedad rural dispersa aunque dentro de un pequeño ámbito geográfico como una isla) sinó un seguro ahorro en sus economías.


Gracias por tu apoyo. La verdad es que tienes mucha razón en lo que dices. El problema es más cultural que real. Se teme lo que se ignora. Y en las islas aún lo tenemos más fácil, pero faltan medidas decididas y valientes por impopulares que sean.

Saludos!


Es cierto y para eliminar los miedos ver los ejemplos que se han implementado con éxito ya en muchos paises con vehículos familiares y de trabajo 100% eléctricos:
www.betterplace.com
Un fuerte abrazo a todos y bienvenidos a un mundo más sostenible.


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